SOBRE SUICIDIOS E INTENTOS DE SUICIDIOS
«El hombre es aquello que él hace, con lo que los demás han hecho de él».
Jean Paul Sartre
Al escribir este artículo sobre el suicidio, me pregunté ¿cuál es el «valor» de la vida para quienes lo cometen o lo intentan?
La palabra valor, en realidad significa «ser fuerte, vigoroso, potente, estar sano». Su sentido es el opuesto a lo imaginamos puede sentir quién intenta un acto suicida.
Suicidio, llega a nosotros desde el latín moderno, reuniendo a sui, que significa «de si mismo» con cidium (matar). Atentado contra la propia vida. Exitosos asesinatos, autodestrucciones deliberadas, los suicidios son una de las diez causas mas importantes de muerte.
Si bien podríamos intentar entender los suicidios desde el punto de vista de quién intenta o comete el acto, nos concentraremos en este artículo en la persepectiva de quién lo contempla desde afuera y saca sus conclusiones. Elegimos este ángulo, ya que sólo en los casos de los intentos que fracasan podemos llegar a conversar sobre sus motivaciones con los mismos suicidas.
El hombre postmoderno enfrenta el problema permanente de no poder distinguir el verdadero valor de cada cosas. En nuestra vorágine por alcanzar pretendidos bienestares, corremos incansablemente tras los nuevos objetos materiales, que parecen contener una fascinante e inasible felicidad. Esta loca carrera y su cuota creciente de irracionalidad apartan y alejan inexorablemente a cada persona de sus propios valores.
Hablar de autoestima, frente a un suicidio, nos hace pensar inexorablemente que para que el suicida se estime tendría que haber habido antes autoestima en sus padres, en sus familiares y en el resto de la sociedad (escuela, amigos, etc).
El sentido de la vida es recogido por la bella frase del poeta, que sugiere: «Llega a ser lo que eres». Su propuesta nos introduce en el difícil mundo de llegar a hacernos personas. Poder serlo, implica servir a nuestros valores, en lugar de servirnos de ellos.
Apreciar un valor es a menudo descuidar otros. Nuestra actidud simplista contemporánea nos arrastra diariamente mas hacia la critica mutua que hacia el reconocimiento de los méritos propios y ajenos. Solemos decir muchas mas veces «muera!» que «viva!». Cuando el odio, la injusticia y la búsqueda desenfrenada del provecho personal dominan la escena, cuando cada uno atiende sólo al río abierto de sus egoísmos y pasiones…la vida humana se vuelve intolerable.
Es importante recibir el alimento material, pero es tambien indispensable respetar el valor de las personas. Sólo eso puede ir nutriendo nuestro mundo psíquico. La falta de valoración personal genera en cambio un vacío continuo.
FACTORES QUE ATENTAN CONTRA LA VIDA
En la enfermedad que estamos analizando, la vida deja de tener valor, pierde su sentido como consecuencia de un intrincado juego de diversos factores, entre los que juega un rol especial la configuración biológica, la historia singular y el medio familiar (y social).
LA AGRESION
Entender las conductas suicidas, implica comprender el sentido de la agresión humana.
Freud planteó, a partir de la década de 1920, que en cada una de las células, de todos los hombres, existen dos instintos: el de vida y el de autodestruccion. El impulso a la au todestrucción (o mejor dicho el instinto de muerte) se puede expresar hacia afuera: como destructividad. También puede expresarse hacia adentro, como una fuerza autodestructiva, generando enfermedades y suicidios.
La agresividad en los animales tiende a la autoconservación del individuo y de la especie. Se moviliza cuando aparecen amenazas a la vida, la alimentación, al territorio, etc. Frente al peligro, el animal puede reaccionar con agresividad o huyendo, retirándose ante el enemigo (también lo hace el hombre).
Cuando no hay amenaza a la vista, no se moviliza agresividad alguna. La respuesta agresiva esta siempre presente en el cerebro, como un mecanismo que puede ser estimulado, pero que no aparece en ausencia de un desencadenante. La agresividad no se almacena y no fuerza los comportamientos.
En la especie humana se pueden distinguir dos formas de agresión:
1. La capacidad biológica de reaccionar adecuadamente frente a los peligros.
2. La agresión especificamente humana, peculiar de la pasión, la hostilidad con lo viviente: el odio a la vida, la necrofilia.
El animal sólo vive la amenaza en el tiempo presente: «en este momento estoy amenazado». El hombre puede representarse también el futuro. Debido a esta capacidad, puede vivenciar sus amenazas no sólo como ya existentes sino también como previsibles, anticipables. Esto extiende el rango de su reacción agresiva mas allá de aquello que está ocurriendo, lo lleva al territorio de lo que estaría por ocurrir.
El hombre (a diferencia de los animales) puede ser persuadido de que su vida y su libertad están amenazadas, a través de la utilizacion adecuada de los símbolos. Porque el hombre tiene intereses especiales: sus valores, sus desesos y las instituciones con que se entifica. Todo ataque a esos ideales o contra las personas de interes vital para él, puede tener el mismo significado que un ataquea propia su vida.
Estos factores permiten comprener porque la hostilidad defensiva del hombre, aunque se basa en elmismo mecanismo que la del animal, es mucho mayor.
Existen, además, en el hombre formas de agresividad que no observamos en los animales y que o sirven a la defensa.
Están enraizadas en su carácter (sádico). Rolla, en «Esperanza, Desesperanza y Desesperación» dice:»…El hombre es un animal decididamente orientado hacia el futuro, con grandes dificultades para desprenderse del pasado. Por eso, [] se puede decir que cuando el futuro vital del sujeto es invadido por una desesperante desesperanza, emerge el suicidio o por lo menos la tentación de cometerlo.»
El psicoanálisis pone gran énfasis en los procesos inconscientes y hasta hace poco tiempo no se ocupó, como lo hace ahora, de la importancia de los sucesos sociales, de su incidencia sobre la formación y el mantenimiento de la integridad del sujeto.
La esperanza, esa valiosa capacidad de esperar, se balancea delicadamente entre el sentimiento de competencia (potencia y eficacia personales) y las amenazas de vida, que se le presentan al sujeto. El sentimiento de competencia (vinculado a la autoestima) se va construyendo desde la temprana infancia. Un sentimiento sólido de competencia, asegura una mejor adaptación a la vida. Por el contrario, una competencia frágil puede dificultar la mera subsistencia. Encontramos estados de desesperanza e incompetencia en las depresiones mayores y en los drogadictos, cuyo sentimiento de competencia funciona en niveles muy bajos. En estas personas, cada detalle de la vida diaria constituye una dificil amenaza.
No olvidemos de que hoy en día, las personas pueden llegar a necesitar del máximo de su competencia para poder competir (pertenecer) en un mundo en cambio permanente.
¿CUANTOS SUICIDAS?
Sí bien la Argentina se encuentra entre los paises cuya tasa de suicidios es relativamente baja, se suicidan 5.7 de cada 100.000 habitantes. La tendencia actual de nuestra sociedad muestra un aumento de los suicidios en dos grupos de pacientes: los adolescentes y personas de la tercera edad.
Fuente: Revista Psicología en Buenos Aires, año 2, Nº 19.