Suicidio

Los psicoterapeutas tratamos de evitar, en la práctica cotidiana, dar directivas a nuestros pacientes, ofrecer consejos o sugerencias y actuar apresuradamente. Creemos que en general es mejor que los pacientes llegue a sus propias decisiones y puedan llevarlas a cabo, asumiendo su propia responsabilidad.

Seguimos considerando valido este criterio, mas allá de los desacuerdos que podamos tener con las decisiones o las acciones, de lo que ocasionalmente llamamos errores.

De acuerdo a un criterio ético y legal muy estricto, guardamos un secreto riguroso acerca de todo aquello que transpira en nuestros consultorios y, desde ya, no podemos, comentar los planes y propósitos de nuestros pacientes. Menos aún oponernos a ellos y tratar de impedirlo.

Estos dos criterios técnicos reciben un amplio consenso de los especialistas, que se quiebra en un solo caso: si el paciente decide suicidarse. Podemos simpatizar con cada uno de los suicidas y llegar a entender sus razones. Sin embargo, la gran mayoría de nosotros hará todo lo posible para obstaculizar un plan de autoeliminación que no se haya concretado aún.

Las amenazas de suicido o simplemente las ideas intensas acerca de la muerte son consideradas, por la gran mayoría de los especialistas como una crisis aguda, que debe ser detectada y enfrentada con una energía diferente. Los especialistas tratan de evitar que el paciente se comprometa con esta decisión, única e irreversible.

Este momento de la clínica difiere dramáticamente de toda otra determinación que paciente y terapeuta deban revisar juntos. Y el terapeuta, en muchos casos deberá no solo actuar y decidir por su paciente, sino que lo hará aceleradamente.

Nuestra reacción, tan activa cuando enfrentamos los intentos directos de auto destrucción, se enlentece y se suaviza marcadamente cuando enfrentamos las conductas autodestructivas estables, que invaden la vida de los hombres y las mujeres contemporáneos.

Cada paso de un suicida potencial hacia una ventana abierta nos sacudirá y nos lanzará a una acción de rescate. No parecemos reaccionar de la misma manera frente a los relatos de nuestros pacientes que incluyen todos los días un paso autodestructivo pequeño pero persistente tales como fumar, trabajar o comer en exceso. Y estos son solo algunos de los muchos comportamientos cotidianos, que constituyen solo un suicidio lento.

Los suicidios están siempre relacionados con necesidades insatisfechas, de ser aceptado, tener logros personales, la conciencia límpida, mantener la dignidad, y así siguiendo. Existen muchas muertes innecesarias, pero ningún suicidio que lo sea. Todos los suicidios, directos o indirectos, llenan alguna necesidad psicológica incumplida.

El suicidio no solo es una respuesta a las necesidades insatisfechas de quien trata de matarse, es también la expresión de una necesidad de libertad: puede significar liberarse del dolor, la culpa, la vergüenza, la soledad… Si estas libertades han sido seriamente violadas y una persona no tiene corte de apelaciones, frente a la cual reclamar, puede decidir hacer justicia por su propia mano, para terminar con un dolor intolerable.

En muchos suicidios, la palabra clave no es muerte sino sufrimiento.

 

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