Violencia familiar, enfermedad o delito?

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« . . todo determina a todo, siempre y cuando se reconozca humildemente que ese todo es un fragmento notablemente reducido de las variables y de las causas.»
Lourau en «El Estado Inconsciente»

Durante el desarrollo de un programa preventivo, en un centro hospitalario, presentamos como consigna-detonador en un taller para psicoterapeutas, la siguiente frase: «La violencia doméstica no es una enfermedad sino un delito».
Esta frase fue tomada de un slogan, que se utiliza habitualmente en campañas de concientización, en Estados Unidos y Cánada.

Nunca podré olvidar el azoramiento, la irritación y hasta el escándalo que provocó la consigna que lanzamos, entre los profesionales presentes. Sin duda, debemos admitir la precariedad conceptual de la frase, en la que se mezclan arbitrariamente dos sistemas lógicos diferentes y a veces antagónicos. En esta incoherencia lógica (intencional?) reside tal vez el efecto revulsivo del slogan.

Mas allá de ello, lo que mas nos ha llamado la atención, es la dificultad que presentan los grupos de profesionales para trabajar con los posibles subtextos de ese mensaje. Tienden a quedar capturados por una vivencia de «ataque». El «campo psi» está siendo, en realidad, penetrado por el campo jurídico.

Reacciones parecidas, aunque con distintos matices de ansiedad, provocan las afirmaciones que figuran en estudios sociológicos. (Sólo del 10 al 15% de los padres maltratantes pueden encuadrarse. dentro de categorías psicopatológicas).

Este uso particular de la palabra enfermedad (o patología) trae sus problemas. Estamos seguros de que. las palabras no son inocentes. Todo vocablo es una estrategia, cargada de connotaciones. Veamos, entonces, si ayuda a despejar el malentendido (o a remover el obstáculo epistemológico) revisar las condiciones de esta práctica, dentro del terreno de los profesionales que la ejercen.

Existe un acuerdo creciente, en el campo de la violencia familiar, sobre la necesidad de utilizar concepciones y estrategias que reunan a los distintos especialistas y a diversas instituciones. Esta convicción, sin embargo, no está exenta de asperezas.

Quisieramos reflexionar aquí sobre algunas dificultades que surgen en el diagnóstico y asistencia de la violencia familiar. En muchas ocasiones, sobre todo en los casos graves, aparece una intensa resistencia de los profesionales de la salud a la participación de los juristas, a partir de un marcado prejuicio sobre la «ingerencia legal» (siempre inconveniente).

Se trata, en parte, de un territorio poco explorado y conocido de la práctica clínica y la dificultad se expresa como una tendencia a evitar o a expulsar los problemas que no son sanitarios puros o no tienen un perfil socio-sanitario bien nítido. Los profesionales parecen rehuir de aquellas dificultades que rozan abiertamente con terrenos judiciales y policiales.

Pareciera que los profesionales de la salud consideran que existe un trabajo interdisciplinario «natural» y «legítimo», en el que participan médicos, psicólogos, asistentes sociales, enfermeras, auxiliares sanitarios, etc. y otro trabajo interdisciplinario, menos conocido y mas resistido, que involucra la intervención ineludible de las instituciones de la ley. Con ellas entrarían al campo psicológico y a la interdisciplina, con recepción dudosa el orden y la sanción.

En la práctica preventiva y clínica, con la violencia como una zona limítrofe, en los bordes de la concepción interdisciplinaria que predomina en nuestro campo. Es justo reconocer que la suspicacia es recíproca y se detecta a ambos lados de la frontera. Sólo la reflexión conjunta de todos los profesionales podrá contribuir a despejar fantasmas y disminuir prejuicios.

En la década del 70, los especialistas en violencia familiar estaban muy preocupados por diferenciar nítidamente los distintos problemas y sus rotulaciones psiquiátricas.

Delimitar las fronteras tenía objetivos precisos:

1-Demostrar que no se trataba de casos aislados y excepcionales. 2 . Destacar la gran importancia de los factores socio-culturales. 3 . Resaltar la marcada asimetría de estos cuadros. Pues si bien la violencia puede darse en todas direcciones, no cabe duda de que las personas más vulnerables son las mujeres, los niños y los ancianos.

Discriminar responsabilidades y defender la imputabilidad. (como sabemos si se acepta el criterio de enfermedad psiquiátrica, como causa de la violencia, no hay imputabilidad).

Sin embargo, ya hemos recorrido un largo camino y la aspiración de seguir afinando y profundizando las categorías conceptuales con que trabajamos, me parece una preocupación comprensible y legítima de los trabajadores de la salud mental.

En primer lugar para este grupo profesional es importante comprender y abordar, lo que no significa justificar, los factores condicionantes (psicológicos y sociales) de la conducta abusiva. Esta preocupación es particularmente intensa en las corrientes que otorgan especial peso a los determinantes inconsciente de la conducta agresiva (aunque también en aquellas que atribuyen una influencia decisiva a los factores bio-genéticos).

Es en el terreno del tratamiento y la recuperación, donde aparece la correcta aplicación de las categorías psicopatológicos. Es ahí, donde los profesionales de la salud mental se sienten especialmente depositarios y garantes de las posibilidades de recuperación de los sujetos vioentos.

Estas preocupaciones me parecen válidas y creo que el debate sobre el tema puede ser fructífero, siempre que no nos deslicemos hacia confrontaciones dogmáticas, suspicacias recíprocas y disputas de territorialidad. Entiendo que la discusión debe contribuir a la protección, reparación de las personas que se encuentran en situación de riesgo o victimización.

Favorecer enfoques alternativos de sanción social, que superen las medidas convencionales, rígidamente represoras y punitivas. En esté último sentido, se vienen realizando intentos, en algunos países, a través de programas de rehabilitación. En esos casos, la evolución judicial del caso, queda condicionada al cumplimiento de la rehabilitación.

El enfoque interdisciplinario es una modalidad que tenemos que seguir construyendo, atentos a las necesidades y exigencias de cada problema, con un espíritu de auténtico pluralismo. Pluralismo significa: aceptar de buen grado no sólo que todos puedan hablar, sino también que otros puedan tener razón.

Fuente: Revista Psicologías en Buenos Aires, año 2, Nº 19.

2 comentarios para “Violencia familiar, enfermedad o delito?”

  1. roberto dice:

    Muy buen artículo, gracias!

  2. celeste dice:

    muy buen material , thanks

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