¿Pareja en crisis? Las señales de alerta

Nunca sobrevienen de un día para otro. Siempre hay signos que anuncian la tormenta. Saber verlos ayuda a enfrentar mejor el problema y a efectuar los cambios necesarios para fortalecer la relación.

1. Discusiones a raíz de motivos sin importancia

Él lee el diario en la cama, mientras ella busca el suplemento de espectáculos. De pronto, el diario queda desparramado en todas sus secciones. Él lanza una mirada de reproche que apenas disimula su mal humor. “Sos un desastre, mirá lo que hiciste con el diario”.

Decide bañarse y deja el piso mojado. La toalla húmeda sobre la cama bastará para encender una pequeña hoguera:
“Sos un desconsiderado, ahora tengo que secar lo que vos mojaste”, le replica ella en un tono de voz más alto. Y en pocos minutos, la pareja ya no recordará por qué se inició la discusión. Cuando hay malestar y falta el diálogo sincero, cualquier hecho menor puede disparar una furiosa pelea. Lo mejor es decirle al otro lo que a uno le molesta, sin caer en descalificaciones personales o insultos.

Discutir por pequeñeces jamás trae algo positivo y, si se debe llamar la atención sobre algún hecho que molesta, lo mejor es hacerlo con sentido del humor.

2. Brusquedad en el trato
Ella entra al departamento con varias bolsas en la mano. “Hola, se me hizo tarde”, dice, y la respuesta es un “hola” más parecido a un gruñido que a un saludo. “¿Qué quieres comer?”; “lo que tú quieras” responde él, sin dejar de mirar televisión. Ella prepara bife con ensalada de papas, y le pregunta “¿le pongo mayonesa?”, vertiendo una generosa cucharada en su porción. “¿Cuántas veces te dije que no puedo comer mayonesa?; seis años viviendo juntos y todavía no sabes qué como y qué no!”, protesta él mientras aparta el plato. Los descuidos cotidianos revelan una falta de interés en la pareja, que suele provocar enojo más allá de que no se entable una discusión frontal. Conviene prestar más atención a las necesidades y gustos del otro, y no dejar pasar el maltrato verbal o el silencio, que denota desprecio: hay que decirle claramente al otro que esas actitudes hoscas nos duelen.

3. Escasa o nula vida sexual
“Él se acuesta a leer o a mirar la televisión. Después se da vuelta y se queda dormido sin apagar la luz”, se queja ella con una amiga. “Ella siempre está cansada o apurada por levantarse, aún los domingos”, se queja él. Más allá de los años de convivencia, la falta de deseo, que ocasiona ausencia o dificultad para el encuentro sexual es una señal más de la incomunicación. El estrés es un factor importante en la disminución del deseo. No obstante, las disfunciones sexuales suelen esconder dificultades más profundas en la relación de pareja. Sería importante consultar a un sexólogo o a un psicoterapeuta.

4. Descalificaciones frente a amigos o familiares
En una cena con amigos, la charla discurre hacia el tema político. Ella interrumpe a su marido (ya enfervorizado) para emitir su opinión, y él le dice, con tono cortante: “Callate, no entendés nada, ¿por qué no atendés a tu hijo que está volcando la gaseosa?”.
Otro ejemplo: asado en casa del cuñado. Ella comenta: “qué bien quedó el palier!. En casa está todo por hacer, porque mi marido no sabe ni clavar un clavo”.Destacar los defectos de la pareja delante de terceros, hace quedar mal tanto al destinatario de la crítica como a su emisor. Estas situaciones son desagradables también para quienes las presencian, y deben evitarse; en todo caso, las críticas y comentarios deben hacerse a solas.

5. Tardanza en llegar a casa
Su horario de trabajo termina a las 18, pero María siempre se demora: hace llamados para el día siguiente, arma reuniones a última hora o se ofrece para hacer suplencias y guardias los fines de semana. Aceptar compromisos que extienden la jornada laboral y ocupar los fines de semana con actividades en las que no participa la pareja, no siempre son signos de infidelidad, pero develan que la persona no está a gusto en su casa.

No todos están dispuestos a indagar el motivo real de las ausencias y llegadas tarde, pero en lugar del “no estás nunca; ¿por qué llegás a esta hora?”, habría que plantearse por qué evitan estar más tiempo juntos.

6. Acusaciones por hechos del pasado
Eduardo y Susana llevan casi 15 años juntos, y tienen una única hija adolescente. “Vos me quitaste la posibilidad de tener más hijos y una familia más grande, porque querías viajar y cuidar tu trabajo” le reprocha ella, y él contraataca: “Mi carrera se estancó: cuando me ofrecieron la gerencia en México, no querías mudarte, cambiar a la nena de colegio ni dejar tu trabajo. ¡Ahora te quejás!”. Cuando existen situaciones irresueltas, es muy grande la tentación de “pasar facturas” que datan de muchos años atrás. Pero si no se asume que las decisiones tomadas fueron las que se consideraron mejores en ese momento o que, en todo caso, hoy no pueden cambiarse, la pareja estará en una trampa.

Para resolver las cuestiones de hoy, hay que mirar hacia el futuro, saber perdonar y aceptar que el pasado no puede cambiarse.

7. Falta de proyectos en común
“Cómo voy a sacar un crédito hipotecario, si no sé si el año próximo vamos a estar juntos”, se sincera él con un amigo. “Él no tiene iniciativa ni para planear las vacaciones; siempre debo averiguar todo yo”, se lamenta ella. Que uno de las partes de la pareja deje de incluir al otro en sus planes es otra señal de crisis. La pareja es, ante todo, un proyecto: cuando no hay proyecto en común, hace falta reformularlo o plantearse sinceramente la necesidad o el deseo de seguir juntos.

8. Egoísmos en el manejo del dinero
Él tiene un buen sueldo; ella “trabaja para cambiar la plata” al tener que pagar a la niñera. Él no siente culpa por aumentar su colección de compactos o comprarse la última novedad electrónica; ella usa a escondidas la tarjeta de crédito para comprarse ropa. El manejo del dinero está incluido en la relación de poder establecida en la pareja. El egoísmo se nota hasta en el reparto de la comida: elegir las mejores porciones o las más grandes es una forma de despreciar al otro y demostrarle que no es importante. Estar atentos a eso, y reclamar lo que corresponde es una forma de hacerse valorar y respetar. Si estas situaciones se perpetúan, generan un resentimiento cada vez más profundo.

9. Falta de colaboración
Almuerzo familiar, un domingo al mediodía: él conversa con los invitados, y ella cocina, sirve la mesa y lava los platos. Al final del día, le advierte: “Estoy harta de atender a tu mamá, a tus hermanos y cuñadas. Basta de almuerzos”. La falta de ayuda en las tareas domésticas, en las decisiones relativas al hogar o la educación de los hijos, provoca agobio. Muchas mujeres se cargan el peso de manejar el hogar y las cuestiones domésticas, porque eso las hace sentir importantes e “imprescindibles”, pero luego reprochan a sus parejas el tener que hacer y decidir todo solas. Hay que aprender a poner y ponerse límites, y a pedir colaboración.

10. Rehuir el diálogo
Si el momento para conversar nunca llega, la televisión llena los tiempos en común, el diálogo no va más allá de las compras cotidianas, y todas las actividades giran en torno de los hijos sin dar lugar a que la pareja se encuentre a solas, indudablemente es que algo no anda bien. Es importante cuidar la intimidad y ser generoso tanto en lo material como en el tiempo dedicado a la persona amada. Escuchar sin interrumpir, y mirar al otro mientras habla son gestos de buena disposición para resolver juntos los problemas. Las crisis son esperables, pero si hay madurez en la pareja, pueden servir para fortalecerla.

Conclusiones:
• Una crisis es siempre una oportunidad para el cambio.
• Por eso, siempre es bueno reflexionar, decir y preguntar qué pasa, sin esperar a que el otro tome la iniciativa.
• Hay que enfrentar (y no ignorar) las señales de alarma. A veces, no alcanza con “estar juntos”: hay que pensar por qué, para qué y cómo queremos estar juntos.
• Además, aunque sea doloroso, no conviene quedarse mucho tiempo en un lugar donde el amor se terminó.
• Si la crisis no se puede resolver en el seno de la pareja, es conveniente pedir ayuda especializada: si hay amor, siempre se puede reconstruir y mejorar el vínculo.

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