La depresión del lactante

Nuestros deseos y necesidades nos llevan a dirigirnos hacia las relaciones interpersonales, con la expectativa de lograr una satisfacción. La misma actividad de aproximación a lo deseado, acompañado de expectativas de satisfacción produce alegría. La alegría se vincula al goce anticipado.

Así podemos entender que no es imprescindible la pérdida de una relación, ya que la simple pérdida de expectativas dentro de un vínculo puede desencadenar la sintomatología de la depresión. Resulta indispensable identificar el rol que en cada momento de una depresión juegan los desequilibrios en las variedades: esperanza/desesperanza – ilusión/ desilusión – expectativas/ decepciones, etc. La simple pérdida de expectativas dentro de un vínculo puede desencadenar la sintomatología de la depresión.

Un importante investigador, Spitz, observó en bebés de 6 a 12 meses que cuando se los separaba de sus madres, con las que previamente habían mantenido una buena relación, desarrollaban una serie de alteraciones. Estas alteraciones cumplían una secuencia fija:

1· Inmediatamente después de la separación los bebés comenzaban a llorar, lo que contrastaba con el estado de ánimo alegre que mostraban hasta ese momento.

2· Posteriormente aparecía retraimiento y los bebes dejaban de llorar y comenzaban a yacer postrados en sus camitas, sin tomar parte de la vida que los rodeaba. Esta retracción “depresiva” está tanto vinculada a la pérdida de la relación con la madre como a la pérdida de la expectativa de “reencontrar” el vínculo con ella. El retraimiento persiste dos o tres meses, durante los cuales los bebes pierden peso, padecen de insomnio, tienen un retraso en el crecimiento, etc.

3· Un tercer período está caracterizado por la inexpresividad facial. Los bebes quedan tendidos, con los ojos muy abiertos, sin expresión, la cara inmóvil, como si estuvieran totalmente aislados del medio ambiente.

Spitz destacó que “la sintomatología de los niños separados de sus madres se asemeja de modo sorprendente a los síntomas que nos son familiares en la depresión adulta”.

La pérdida de una relación amorosa es sobresaliente hasta el punto de considerarla como el factor determinante de las depresiones del niño y el adulto.

Es interesante señalar que, en los casos de privación materna prolongada, cesa además la actividad autoerótica de los bebés, quienes entran en una retracción profunda incompatible con la vida.

Esta reacción básica a la pérdida del amor, el estímulo y el reconocimiento, implícito en las reacciones interpersonales, se mantendrá como un a reacción fundamental del psiquismo de los niños, jóvenes y adultos, durante toda la vida.

Este patrón de respuesta depresiva resulta esencial en la constitución mínima de todos los vínculos humanos con las personas y los objetos significativos, constituyendo un componente fundante de la estructuración del psiquismo, de sus rasgos normales y algunas de sus patologías más importantes.

Sin duda la reacción depresiva tiene amplias consecuencias, no sólo en el desarrollo del psiquismo individual sino además en los desarrollos más amplios de las culturas y las sociedades que el hombre construye, pudiendo entenderse muchos fenómenos a la luz de las reacciones depresivas o los importantes mecanismos de defensa y recuperación que éstas desencadenan.

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