La depresión según la Dra. Graciela Peyrú

En la depresión, parecieran resaltar como rasgos definitorios la tristeza y la inhibición. Esta ultima no está presente en la depresión agitada, por lo que no resulta esencial para definir la depresión. El núcleo de la depresión lo constituye la tristeza: sólo en la depresión se equipara tan claramente un síntoma patológico (depresión) con una emoción (tristeza).

Depresión = Tristeza: esta ecuación refleja una concepción acerca de las depresiones y es que en realidad, en muchos casos, el sentimiento pone en marcha todo el conjunto de síntomas depresivos. Los otros integrantes del cuadro depresivo resultarían una consecuencia.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales incluye a las depresiones dentro de los “trastornos del estado de ánimo”. Se las considera, por lo tanto, parte de los “trastornos del humor o de la afectividad”.

En ocasiones, se acepta como equivalente de la tristeza el opacamiento del interés o la alegría. Puede, por otra parte, estar presente la tristeza sin lentificación ni opacamiento del funcionamiento intelectual sino que, por el contrario, la ansiedad y la excitación psicomotriz predominan en algunas depresiones. En esta segunda combinación llamamos al cuadro depresión ansiosa o agitada. Sin embargo, la presencia de la angustia y la hiperactividad no resulta suficiente para cambiar la denominación de depresión. En este tipo de depresión la tristeza y los sentimientos de desesperación que acompañan a la ansiedad y a la hiperactividad siguen marcando la definición misma del cuadro.

Recordemos esa situación tan familiar en la que alguien, tras una desilusión amorosa, estudiantil o laboral, ve disminuir su interés por el cuidado de sus cosas, en salir o encontrarse con otros. Se presenta ante los ojos del observador un desinterés y una inhibición más o menos acentuada. No siempre la persona siente tristeza o se hace reproches; la inhibición y el desinterés aparecen como lo central del fenómeno.

Se podría decir que ese individuo en realidad está triste pero que no se percata de ello, siendo su tristeza inconsciente. A pesar de que la solución es atractiva, no se puede sostener, pues si la tristeza es un afecto, no puede ser inconsciente. Freud destaca, en “Lo Inconsciente”, que los afectos, por ser procesos de descarga, son conscientes.

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