Los sentimientos de la separación

por la Dra. Graciela Peyrú

 

Las separaciones pueden llegar a causar cuadros de extrema ansiedad, depresión, fobias, tentativas de suicidio y hasta psicosis. Para que una pareja deshaga su relación, por lo menos una de las personas tiene que estar convencido de que es la opción más favorable. El divorcio implica, junto a la viudez, una de las pérdidas más complejas que un ser humano puede experimentar: se pierde un esposo, una familia, un matrimonio, amigos, parientes y un estilo de vida elegido (con todas sus implicancias conscientes e inconscientes). Una vez tomada y ejecutada la decisión de la separación, el divorcio psicológico atraviesa, de modo universal, una serie de fases dolorosas y sumamente complicadas:

Etapa 1: el shock
Es el comienzo de la separación, el momento en que predominan la incredulidad, los sentimientos de extrañeza y la desorientación total. Las personas tienden a sentirse confusas, como perdidas en el espacio y en el tiempo, y esto se acentúa si se trata de una situación que no se esperaba, o que no fue totalmente aceptada. Después de luchar por una relación y fracasar en el intento, sentirse aturdido y anestesiado, casi sin vida, es una reacción defensiva.

Etapa 2: la protesta
En esta etapa se comienzan a recordar una a una las anécdotas “significativas” de la relación, los momentos buenos, los malos, los peores y los maravillosos, tratando de encontrar culpables, causas y explicaciones que puedan dar algún significado, un orden a lo ocurrido. Revisará sus recuerdos innumerables veces, en una mezcla de llamado evocativo y protesta, acompañada de intensa angustia y rabia.
Los padecimientos por la pérdida se agravan por el mandato social internalizado de tener que conservar a toda costa el matrimonio. Este mandato es, en general, más fuerte para las mujeres, las que, por definición de género, son designadas responsables del desarrollo armónico de los vínculos familiares. La lucha contra estos sentimientos puede llevar a intentar “reconciliaciones” o nuevas relaciones, que se originan como una defensa contra esas sensaciones inmanejables.

Etapa 3: la desesperación
La persona comienza a aceptar la pérdida. El separado se siente entonces deprimido, vacío, sin alguien a quien amar o con quien compartir; pero sin estar todavía en condiciones de reorientar sus afectos hacia otra persona. Sin embargo, cuando los sentimientos de desesperación son muy intensos, los separados suelen eludirlos iniciando apresuradamente un nuevo vínculo.
A veces estas relaciones se superponen, y aunque la persona ame a su nueva pareja, los sentimientos por la anterior no desaparecieron. Debe permitirse desplegar el proceso de cicatrización de la relación anterior, dejarla terminar y permitir que los sentimientos de dolor, rabia y miedo, asociados a esa relación tan profunda, emerjan a la superficie. Cuando se sienta libre y ya no llore ni se enoje cuando la nombra, cuando pueda hablar de esta parte de su vida como una etapa esencial, sin que se interponga como obstáculo en su presente o su futuro, habrá cicatrizado.

Etapa 4: despegue y resolución
Aquí los separados comienzan a reorganizar sus vidas y a sentirse interesados en nuevas actividades y relaciones. Los aniversarios o eventos familiares pueden evocar sentimientos tristes de vacío o añoranza, pero la preocupación por la pareja perdida desaparece.
Tiempo. Para que las relaciones no se contaminen. Para que las demandas del proceso de maduración emocional puedan ser cumplidas, duelan o no. Para que la historia pueda ser cambiada y los vínculos no reediten, en una secuencia sin fin, las mismas cuestiones espinosas en cada relación. Para que los vínculos puedan ser nuevos, las emociones frescas y el compromiso existencial pleno.

 

 

 

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