Síndrome del nido vacío: cuando los hijos se van de casa

Los padres suelen sufrir una crisis luego de que los hijos abandonan el hogar. Se conoce como “síndrome del nido vacío”. Sin embargo, es posible aprender de esta experiencia y aprovecharla para realizar cambios necesarios e importantes en nuestra vida.

Generalmente los padres viven esta situación con angustia. Se dan cuenta de que ya no son tan necesarios como antes y esto genera sentimientos de inutilidad, de falta de sentido, de vacío.

Por un lado, los padres ven su sueño realizado: han logrado cumplir la meta que se habían propuesto. Por el otro, este logro conlleva un cambio y la necesidad de adaptarse a una nueva situación.

Los sentimientos de tristeza y de pérdida son normales, y deben entenderse como un proceso de duelo, por lo que es difícil predecir cuánto pueden durar sus efectos. Es importante controlar las emociones y abstenerse de presionar a los chicos: están llevando a cabo su propia vida, no nos abandonan.

 

Lo que sí se puede hacer es aprovechar y buscar salidas y nuevas iniciativas a partir de este momento de cambios cruciales. En estas condiciones lo mejor es no quedarse apegado a los chicos y poder construir nuevos proyectos personales.

Quizás sea hora de redescubrir o redefinir la pareja. Es posible que la pareja haya sufrido un lógico deterioro, con el paso de los años y las dificultades atravesadas. He aquí una oportunidad para enmendar viejos errores. Si las relaciones no se cuidan, dejan de desarrollarse como es debido y pueden terminarse. Pero ahora hay algo más sólido: el tiempo y la capacidad de dialogar juntos, de tolerar mejor las diferencias, de reírse de los mutuos errores, de iniciar juntos alguna actividad. Es la ocasión para ser creativos y encontrar nuevos desafíos a la vida en pareja.

También esta “liberación” de estar siempre pendiente de los hijos puede transformarse en un tiempo para crecer. La mediana edad es un tiempo especialmente propicio para el desarrollo de actividades que antes no podían realizarse.

Por supuesto que hay personas a las que todo esto les resulta más difícil y precisan de ayuda. Esto no es extraño ni terrible: es algo propio de la condición humana.

No tengas miedo de pedir ayuda, ya sea de tu propia pareja, de familiares, amigos, grupos de apoyo o terapeutas profesionales. La Fundación para la Salud Mental está para ayudarte. Llamanos al 4831-2121 y charlá con un especialista.

 

 

 

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