Violencias Sociales

Violencias sociales: estas son algunas de las ideas desarrolladas por Graciela Peyrú en el marco de la 4ª Conferencia Internacional de Psicología Comunitaria en Barcelona, España.

Las violencias sociales, por la magnitud y multiplicidad que han alcanzado, necesitan ser reconocidas como una epidemia que en poco tiempo superará a cualquier otra enfermedad como causa de daño y muerte de los seres humanos. El plural, violencias, subraya el carácter multifacético de este problema y la variedad de contextos en que se manifiesta.
Su ampliación es una tendencia creciente en nuestras sociedades, con un incremento de las violencias individuales, grupales y colectivas, tanto en el ámbito privado como en el público. Represión, secuestros, decapitaciones, acciones terroristas y bombardeo de civiles se unen a la brutalidad y las violaciones “menores” del collage cotidiano postmoderno.
Hubo momentos de la historia, en que los débiles quedaban en algo al margen de los ataques. Hoy el eje de las violencias sociales se ha desplazado, abarcando de modo predominante y a veces hasta exclusivo a los civiles inermes.
En nuestro país, se está desarrollando una conciencia cada vez mas urgente de la necesidad de acciones preventivas y represivas eficaces que permitan frenar el incremento de estas violencias, que por momentos parecieran incontenibles.

Una de las cuestiones centrales en la búsqueda de soluciones eficaces es llegar a elucidar si los actos violentos ocurren de modo aislado o forman parte de complejas cascadas de interacciones cuyos lazos causales requieren ser revelados. ¿Es cada hecho violento un suceso único, o se concatena en las complejas redes de causa-efecto de las sociedades postmodernas?

La experiencia humana es siempre multidimensional y dentro de cada violencia hay numerosas pequeñas y grandes decisiones que hacen avanzar el proceso de la destrucción. Resulta sorprendente, sin embargo, discernir como en la multiplicidad existen ingredientes comunes que se repiten clara e inexorablemente vez tras vez.
Nuestras investigaciones nos han permitido hallar estrechas similitudes entre los dinamismos que se identifican en las grandes operaciones de la violencia con aquellos que construyen las microviolencias cotidianas.
Las principales dificultades para reconocer a tiempo las violencias y responder adecuadamente a ellas son resultado de una serie de procesos y operaciones psicológicas que minimizan, ocultan y aún llegan a justificarlas. Estas operaciones disminuyen cualquier resistencia que la violencia podría encontrar y debilitan los intentos de combatirla. En la sociedad existen procesos de desconocimiento activo de la violencia, que hacen mas difícil reconocer sus causas, nexos y consecuencias.
Los cuatro procesos sociales de desconocimiento de la violencia son: tomarla como natural, hacerla invisible, encubrirla y habituarnos o hacernos insensibles a ella. Se trata de un conjunto de operaciones psicológicas permisivas que nos llevan a aceptar las violencias sociales como algo natural, legítimo y pertinente a la vida cotidiana.
No hay nada de natural en las violencias sociales. En realidad, los componentes genéticos dotan al ser humano de un potencial de agresividad que juega un rol esencial en la autodefensa y en la evolución humana. Pero este potencial agresivo es modelado por cada cultura mediante la socialización y puede o no devenir en violencia, la que es perfectamente evitable.
Las victimas de las violencias sociales se sienten “marcadas” de por vida, su cuerpo y sus emociones han sido alterados definitivamente por el trauma vivido. Aquellos que sobreviven los encuentros con las violencias sienten que solo partes menores de si quedan al margen del daño que sufrieron. Necesitan disociarse de lo traumático y reconstruir una inserción social en mundo de sus semejantes.
Las victimas de los abusos sexuales y otras formas de maltrato infantil llegan a dividir su personalidad en distintas partes, para defenderse de un sufrimiento extremo que podría aniquilar su ser. En casos extremos pueden llegar a desarrollar múltiples personalidades. Todos tratan de distanciarse psicológicamente del propio ser, que ha sido degradado, para seguir viviendo.
Quienes sobreviven las violencias sociales necesitan volver a construir una narrativa humana de su existencia, recuperar sus memorias, su sensibilidad y llegar nuevamente a soñar, amar, reír como las otras personas.
La negatividad de las violencias necesita ser descripta en términos de sus operaciones concretas, de aquellos procedimientos que aceitan su accionar social y sostienen su persistencia. Sólo así, develando sus principales causas y contextos, se podrá ir recortando y limitando sus ramificaciones, que siempre proliferan.
En las múltiples violencias que pernean nuestras sociedades resulta difícil discernir, en cada caso, el grado de compromiso de cada instancia social. La asignación de responsabilidades no siempre resulta univoca o sencilla. Todo análisis de atribuciones necesita admitir cuan compleja es la sobredeterminación de las violencias en cada rincón del planeta, en el momento actual.
Es imprescindible, sin embargo, identificar y lograr revertir aquellos mecanismos que lubrican el accionar de las violencias, cualquiera sea el nivel en que actúen.
La tarea de hacer aceptables las actitudes violentas, de permitir que continúe su accionar, no es sencilla y requiere del esfuerzo planificado de realizar operaciones psicológicas facilitadoras por parte de los grupos o individuos que intentan ejercerlas.

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